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¡QUE NO ME LLEVE EL TREN!



19 de octubre de 2020

Tiempo de lectura del presente artículo: 6 minutos. 

Y como diría mi abuelo… ¡otra vez la burra al trigo!

Pues nada, que el gobierno federal volvió a las andadas con el tema del tren México – Querétaro, pero esta vez haciendo caravana con sombrero ajeno. Anuncia la inversión como si fuera suya, pero a sabiendas que no pondrá un peso, que porque dizque no tiene dinero. De repente me parece que estoy observando a este sexenio, como si fuera un cuadro de Salvador Dalí, con relojes derretidos, figuras amorfas, y un ambiente de extrema alucinación.

Regresando a la tercera dimensión, en especial a este país llamado Querétaro (ver artículo), me propongo analizar los efectos que este anuncio podrá tener en la entidad, y podría terminar diciendo que las consecuencias ―se realice o no el tan desgastado proyecto― serán buenas. No obstante, sería injusto dejarlo sin una explicación querido lector, pues seguramente se quedaría con la duda del por qué lo veo de esta forma.

Al final le dejo las ligas de algunos artículos que he venido escribiendo en años pasados al respecto del proyecto T.A.V. (Tren de Alta Velocidad) México – Querétaro, donde podrá tener a la mano una buena colección de análisis, comentarios y conclusiones que he llegado en este tema. Por lo pronto y sin repetirme, me enfoco en explicarle mi actual conclusión.

Dicen que el actual proyecto prevé una inversión de 51,300 millones de pesos, contra los 58 mil de año 2014, esto suponiendo que la obra inicie en junio del próximo año, bajo el muy cómodo (para el gobierno) esquema de participación privada de concesión, y siendo la SCT el flamante "promotor”. Esta cantidad es irrelevante, pues si hubieran dicho 20 mil o 200 mil, daba lo mismo. Los ciudadanos de a pie no comprendemos esas cifras, pero lo que si entiendo a la perfección es que serán desarrolladores e inversionistas privados, quienes en caso de realizarse, serán los que asuman el riesgo. Faltó decir: maldito neoliberalismo.

Por otro lado, conozco a muchos inversionistas y desarrolladores, pero mi sentido común me dice que ni todos ellos juntos, reunirían esta suma. La única forma es que un banco le entre al tema, y por supuesto que no será Banobras que apenas puede pagar la renta del avión rifado, o mejor dicho fiado. La tesis es que no hay dinero. Dicho lo anterior, deberá ser un banco extranjero, y de ahí me regreso a como se habían quedado las cosas el 30 de enero de 2015. China Railway haría la obra, y el banco chino ICBC (Industrial and Commercial Bank of China) pondría la lana. No abundaré en todo lo que rodeó la cancelación de dicho proyecto en esa fecha, pero si especularé en un tema importante, el cual es muy simple: Estados Unidos no quiere ni querrá a China en su traspatio. Con Obama, con Trump, o con Biden, será lo mismo. El "Destino Manifiesto” sigue vigente y no le quepa la menor duda. Dicho de otra forma, la doctrina Monroe no se ha cancelado. Además no olvidemos los Tratados de Bucareli, firmados por ese gran presidente de Los Estados Unidos de América llamado Álvaro Obregón. ¿Dije América? ¡creo que me equivoqué! Quise decir Estados Unidos Mexicanos. Y lo de "gran”, también me equivoqué.

Sea una cosa u otra, y si queremos volver a intentar este proyecto con los chinos, sucederá lo que hace unos días dijo Trump en su campaña: "Nos vamos a enojar con México”.

Si el financiamiento lo realiza el banco chino, y la obra la hacen inversionistas mexicanos en asociación con españoles o franceses, puede ser que entonces fluyan las cosas, y Estados Unidos "no se enoje tanto”, no sin ello, cuidando la rentabilidad del proyecto, la cual pocas veces resulta positiva. Los trenes de pasajeros no son negocio en ninguna parte del mundo. Es un servicio que presta el Estado, para la rentabilidad y progreso del país. Además, ya quiero imaginar a los "profes” de la CNTE poniendo troncos, e invadiendo las vías para extorsionar al gobierno, quien con toda seguridad se quedará cruzado de brazos.

Dejo momentáneamente en un cajón mi pesimismo fundado en dos intentos frustrados, uno por los años 80, y otro en 2015, y entro al campo optimista de la ciencia ficción: todo sale bien, y tenemos un ferrocarril de alta velocidad que nos llevará a la CDMX en 58 minutos, o quizás unos 9 minutos más si hace tres escalas de tres minutos en San Juan del Río, Huehuetoca, y Cuautitlán para hacerlo más rentable. Qué maravilla poder ir con aire acondicionado, con nuestra laptop e internet, y pidiéndole al mesero un café o un whisky. Es lo que se llamaría: "de primer mundo”.

Sigo… Estados Unidos no se enojó, y más aún, ellos le entraron al financiamiento y/o a la obra. Entonces este proyecto se extiende a León y Guadalajara, y de ahí al norte a donde guste. O en su caso, lo prolongaron a San Luis, Monterrey, y hasta la frontera, como habría de esperarse. Esto ya suena a super primer mundo, y a lo que deseo llegar es, a la colosal importancia que tendrá Querétaro en su interacción con la ciudad capital. Si todo esto se llega a concretar, no solamente será bueno, sino muy bueno para Querétaro. Fluirán los capitales y las inversiones en un ritmo muy importante.

Vuelvo al otro cajón que está etiquetado como "pesimista”, y sucede que, además de que Estados Unidos mete su cuchara, el gobernador entrante lo sabotea por sus políticas personales, como sucedió con la "Ciudad de la Salud” cancelada por el actual gobernador, proyecto que hubiera puesto a Querétaro en competencia directa con Houston, y la pandemia nos hubiera hecho cosquillas. Ahora en lugar de ese megaproyecto lleno de hospitales, clínicas, y consultorios, hay una plaza comercial.

Queda pendiente definir donde quedaría la estación terminal, y en este artículo doy claramente mi propuesta, pensada y meditada con toda calma, objetividad, y conocimiento sobre la geografía y movilidad de la ciudad. El actual gobernador dice que sería en el aeropuerto, pero esto sería una decisión garrafal que acarrearía efectos negativos, pues el susodicho aeropuerto queda a 45 minutos de la ciudad de Querétaro. Entonces los 58 o 67 minutos de viaje de la ciudad de México se convierten en 112 minutos, es decir casi dos horas. Eso hago en mi auto, y ya dudaría de tanta maroma de tomar el tren. La afectación a la rentabilidad del proyecto estaría muy obvia. Cuidado con esta decisión pues de no pensarse con cuidado estaría viciada de error desde su inicio. En Europa, todas las estaciones de tren están dentro de la ciudad, y se baja uno para subirse al metro en la misma estación. No hay que ser especialista en el tema, sino simple observador para evitar un error de este calibre.

Siguiendo con las diferentes hipótesis, ya no diré que soy pesimista, sino realista e incrédulo, y ahora, para revisar por qué es bueno que no se haga, es por la simple razón de que el crecimiento de Querétaro no se vería presionado en exceso en su desarrollo, y seguiría manteniendo su actual imagen de ciudad provincial y "patrimonio de la humanidad”; con una modernidad envidiable; y creciendo normalmente, porque la demografía no es negociable.

Para concluir. Si su pregunta es: ¿Cuál es mi pronóstico? le respondo basado en sentido común: no se hará. Esto es porque el gobierno actual no construye, solo destruye. Además fue anunciada para iniciarse después de junio de 2021, bajo el pretexto de que se estaría violando la ley electoral. ¿De cuándo acá no se puede comenzar una obra pública en cualquier momento del sexenio? Podrá posponerse su inauguración, pero no su inicio, y más si es una obra concesionada a particulares. Esto es el más sencillo indicio que esta obra no se hará mientras Morena gobierne, y el actual ocupante de Palacio siga viviendo ahí sin pagar renta. El centro y norte del país, no es del interés de este gobierno. Así como hay un proyecto de un tren "maya”, ni crea que habrá un proyecto de un tren "otomí”.

Y si me pregunta que prefiero, le respondo que lo segundo. Prefiero que no se haga, pues Querétaro mantendrá un poco más de tranquilidad y sabor de provincia, que sumado a su modernidad y comodidad, lo hace único en su género. Querétaro no necesita vejigas para nadar, y hasta el día de hoy lo ha hecho muy bien. Viajar en la autopista de la capital a Querétaro no resulta agradable. Es pesado, y de lo que se trata es que así se mantenga, para que Querétaro no se convierta el día de mañana en una ciudad dormitorio, con un tren que lo lleve en la mañana, y lo regrese en la noche. Yo prefiero ¡que no me lleve el tren!

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