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EFEMÉRIDES Y REFLEXIÓN



Jean Jacques Rousseau 

1712-1768 

¿POR QUIÉN VOTASTES?

8 de febrero de 2020


―3 de febrero de 1983. Miguel de La Madrid, establece en la constitución la rectoría económica del estado.

―5 de febrero de 1857. El Congreso e Ignacio Comonfort juran la nueva constitución.

―5 de febrero de 1917. El Congreso y Venustiano Carranza juran las modificaciones a la constitución del 57.

―5 de febrero de 1930. Pascual Ortiz Rubio sufre un atentado al asumir la presidencia. Esta semana un pasajero se bajó del avión donde viajaba el presidente. Quizás se acordó de Juan Camilo Mouriño y de como es factible derribar un avión con mucha precisión, en medio de las Lomas de Chapultepec.

―5 de febrero de 1934. Abelardo Rodríguez rediseña el escudo nacional. Ahora ya lo modificaron para la guardia nacional, sin decreto ni ley de por medio.

―7 de febrero de 1853. Manuel María Lombardini asume la presidencia en lo que llega Santa Anna de su exilio en Turbaco, Colombia. En virtud del desorden y descontrol del gobierno, le piden que acepte facultades de dictador.

―7 de febrero de 1985. Es secuestrado Enrique Camarena Salazar, agente de la DEA en México, y es cuando el territorio nacional se reparte en cuatro cárteles.

―8 de febrero de 1958. Huelga de telegrafistas. Termina el día 21. Imaginemos que hoy nos quedamos dos semanas sin Internet. Gobernaba Adolfo Ruiz Cortínez.

Reflexión de hoy, 8 de febrero de 2020.

Habiendo escrito en las efemérides y reflexión del 25 de enero pasado, intitulada "El que hace la ley, hace la trampa”, es que mis dos docenas de lectores podrán comprobar que en México, el gobierno es como un juego de canicas, pues siempre será el niño más gordo y más fuerte el que ponga las reglas, y cuidado con el que no se someta a ellas; o lo sacan del juego, o le quitan sus canicas.

Esta semana estamos con varias efemérides, donde los niños gordos y fuertes de México se juntaron para escribir las reglas en 1857, y nuevamente en 1917 después de que habían destruido al país, y además, en el momento que alguna de esas reglas no les servía, "pos las cambiaban y ya”. Nuestra constitución lleva 707 "cambios de jugada” contra 27 de la de Estados Unidos, la cual es más vieja. Ahora, el macuspano ya la quiere cambiar nuevamente en su totalidad.

El libro llamado "El Contrato Social” escrito por Jean Jacques Rousseau en 1762, es sin lugar a duda un tratado para comprender a profundidad y en muy pocas páginas, la relación entre el Estado y el Individuo. Este filósofo, que si bien acepta el principio aristotélico de que los hombres no nacen iguales, en virtud de que unos nacen para la esclavitud y otros para la dominación, al menos subraya que la fuerza ha hecho a los primeros esclavos, pero su cobardía los ha perpetuado.

El principio de armonía en la sociedad, según Rousseau, se basa en que el individuo debe enajenar su libertad en manos de un soberano, quien es el depositario de la voluntad de todos los individuos. No obstante, esto es parcialmente cierto, pues jamás se da este hecho, dado que nunca todos estarán de acuerdo con todo.

Apunta que: un pueblo es siempre y en todo momento, dueño de cambiar sus leyes, pero también que si le gusta hacerse el mal a sí mismo, ¿quién tiene derecho a impedírselo?

Y lo que yo afirmo es que, si el niño es muy gordo y fuerte, pues simplemente ya no hay tal pueblo que tenga capacidad de cambiar sus leyes, pues el niñote, ya se habrá devorado la suma de todas las libertades individuales. A este respecto el filósofo agrega lo siguiente: "Hago contigo un convenio completamente en tu perjuicio, y completamente en mi provecho, que yo observaré cuando me plazca, y que tu observaras cuando me plazca a mí también”.

Yo digo que esto ni es convenio, ni contrato, sino un secuestro.

Puede suceder que un solo individuo intente reparar la situación, accediendo a la teoría del "tiranicidio” que, en el caso de Ortiz Rubio no pasó de un balazo en la mandíbula que lo dejó dos meses en el hospital, o en el caso de Aburto, quien cegó la vida de alguien que aun no se tenía una idea remota, si fuese o no un buen depositario de ese contrato social, y León Toral, quien si evitó que Obregón se perpetuara.

Dicho contrato social, siempre fallará cuando la seguridad de los individuos ha dejado de existir. A este respecto, Rousseau aclara que en un Estado bien gobernado, hay pocos castigos, no porque se concedan muchas gracias, sino porque hay pocos criminales. La excesiva frecuencia de crímenes asegura la impunidad cuando el estado decae. Bajo la república romana, ni el senado, ni los cónsules intentaron jamás conceder gracia alguna. El pueblo mismo no la otorgaba, aun cuando algunas veces revocase su propio juicio.

Querido lector: no tenga la menor duda de que vivimos sin contrato social. No existe. Está extinto. De nada sirve que hayamos intentado durante doscientos años enajenar nuestra libertad individual en manos de tiranos, persiguiendo una dizque república, la cual no existe, pues no hay estados ni libres, ni soberanos, pues a la menor provocación el jefe del ejecutivo amenaza con dejar sin canicas a quien le discuta, o peor aún, en boca de alguno de sus guarros, disolver los poderes del Estado.

Este jueves alguien le hizo alguna pregunta al tabasqueño en su sermón de siete, y el niñote que apenas aprendió a leer y escribir le contestó desde su púlpito al reportero: ¿por quién votastes? así, con la "s” al final. Esto me dice que él gobierna solo para sus votantes, y los demás le resultamos un estorbo. Por esto y más, retomo la frase que hace poco esgrimió Beatriz Pages Llergo: "México no es de es de usted señor presidente; o es de todos, o no es de nadie”. Esto sería rehacer el contrato social.

Por todo lo anterior, no sólo es que usted y yo tengamos que padecer vergüenzas diarias en el ámbito nacional e internacional de un presidente que realmente solo representa a una minoría de mexicanos, y que sumado a temas como el culiacanaso, la protección de la boda de la hija del chapo, la perfecta y conveniente fuga del reclusorio sur, las masacres impunes en todas partes del país, la criminalización de aquellos que cometan un error en el pago de sus impuestos, sino que, todo indica que como dentro de él vive el espíritu de Juárez, por lo que "el ya no se pertenece”, y además ya se le apareció un "diablito” hablándole de reelección para emular a su héroe oaxaqueño, es que puedo asegurarle ―querido lector― que vivimos en la total decadencia política, pues nuestro México carece del más elemental contrato social.

Así que: si nos gusta hacernos el mal a nosotros mismos, ¿quién tiene derecho a impedírnoslo?

Como corolario:

Son nuestras reflexiones y acciones las que podrán corregir el rumbo de nuestro país, y eventualmente reescribir un contrato social, por lo que, si está de acuerdo con mis reflexiones, querido lector, le invito a tomar acción reenviando este escrito a su familia y amistades.

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CLAUDIO MÁRQUEZ PASSY





 

CLAUDIO MÁRQUEZ PASSY

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