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PERDÓN, SU MAJESTAD





25 de marzo de 2019



A su majestad el rey de España, Felipe VI


Anhelo la benevolencia que S.M. pueda prestar a estas humildes líneas, escritas por un mexicano de nacimiento, y orgulloso depositario de dos grandes civilizaciones fusionadas por los siempre extraños juegos del destino, el cual, nos colocará el próximo mes de noviembre, a quinientos años de que el imperio de la gran Tenochtitlan, y los reinos de Castilla, Aragón, Granada y Navarra, incipientemente "Las Españas”, habrían de unirse en una historia común.

Mi aprecio, agradecimiento y admiración hacia su persona, es franco y emotivo, al habernos dispensado con su real presencia el pasado primero de diciembre. Debo confesarle que fui presa de cierta nostalgia histórica.

El propósito inaplazable de la presente misiva es rogar por su magnanimidad, y solicitar encarecidamente su merced, gracia y perdón, a quien hoy representa nuestro pueblo de México, por haberle solicitado algo tan inusitado, y en mi parecer, totalmente fuera de lugar. Estoy seguro de que no hablo solo por mi persona, sino por miles y quizás millones de mexicanos, donde las actuales redes sociales no me dejarán mentir.

Dos pueblos que no sólo son amigos y socios comerciales, sino que nos une irrefutablemente la sangre mezclada por siglos, seguirán escribiendo hoy su destino, producto de la maduración, entendimiento y visión del cómo podamos imaginar nuestro mañana. Los lazos son indisolubles, y no pueden ser alterados por estados de ánimo y ocurrencias sin fundamento.

Vuestro reino de España, formalmente constituido como tal desde 1812, permitió en 1821 emancipar a su hija "La Nueva España”, con muchas dificultades y con procesos históricos muy complejos. No es exclusivo de mi persona saber que una madre no puede decretar la orfandad de su hija viva, ni viceversa. Dos países consanguíneos con una historia tan intensa no tienen excusa ni justificación para generar rencores producto de un pasado, que algunas personas con exigencias impensadas hoy quisieran alterar. El cura de Dolores, Miguel Hidalgo, deseaba la independencia sin romper con su antecesor Felipe VII, y sin dudarlo, el conjurador de esa inútil revolución, don Agustín de Iturbide, lo dejó plasmado en el art. IV del plan de Iguala.

Ciertamente, oportunidades extraordinarias se perdieron entre nuestras naciones, durante el desarrollo de innumerables eventos que hoy son historia escrita, por lo que estudiarlas y analizarlas, nos permitirán imaginar grandes oportunidades.

Nuestra historia está escrita con más sangre que tinta, y aquel que, conociéndola reniegue de ella, es comparable a un árbol sin raíces, es decir, ya no es más que leña propensa a consumirse con el accidente de un minúsculo fósforo.

Exigir perdón a una madre, aunque ésta haya cometido innumerables errores con su hija, es un acto que no le adicionaré adjetivo. Mis emociones me impulsan a escribirle a S.M. desde estas tierras americanas, en nuestro idioma común que es el castellano. No obstante, me he abstenido de agregar cuantos adjetivos pudiera descubrir y extraer del diccionario de la Real Academia, para que simplemente S.M. pueda congratularse de que algo aprendió la hija de su madre.

Hoy, esta hija, que es México, se siente autosuficiente, con una democracia que en el fondo es una oclocracia combinada peligrosamente con una demagogia, y ya no acepta el tutelaje de madre natural ni adoptiva, pues cree que todo lo sabe.

Su reino de España está próximo a elecciones. Deseo de corazón, que su majestad, el rey, le de fuerza a su democracia, y ésta última, sopese lo que México perdió hace mucho tiempo.

Así mismo, deseo sinceramente que la sangre real de vuestra majestad, y su familia, tengan larga vida por muchas generaciones, para que los problemas propios que hoy os aquejan, sean resueltos con la sabiduría que el tiempo y la historia les ha otorgado.

Estoy seguro de que los lazos históricos, consanguíneos, y de profunda amistad entre España y México, perdurarán por muchos siglos.

Disponga usted de la sincera amistad de su humilde servidor mexicano.

Santiago de Querétaro, Querétaro.

25 de marzo de 2019

Claudio Márquez Passy


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CLAUDIO MÁRQUEZ PASSY


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CLAUDIO MÁRQUEZ PASSY

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