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2021

LA EMANCIPACIÓN QUE SIGUE

(PARTE 2)



4 de febrero de 2021

Tiempo estimado de lectura, 6 minutos.

Revisar parte 1

Por supuesto, no habrá nada que me haga cambiar de opinión que salir a votar es un teatro, una pantomima, o una farsa. Mientras la humanidad no invente otra forma más evolucionada de organizarse, habrá unos pocos que intenten organizarnos para su beneficio.

Sin embargo, el día que la gente acude a votar, sucede un fenómeno por demás importante, y es que el gobierno en turno pierde por 24 horas el poder, mismo que regresa a los ciudadanos, quienes con su "X” en la boleta, lo vuelven a enajenar, delegar, y entregar incondicionalmente por otros tres años, a unos cuantos sujetos llamados legisladores. Ese día se abre una oportunidad de dimensiones inimaginables que el votante no alcanza a comprender.

Ahora bien, suponiendo que la institución que arbitra nuestro teatro, que es el INE, manejara con equidad, honestidad e independencia los comicios, entonces sería una oportunidad para comenzar a reestructurar el decadente gobierno que actualmente nos impone sus caprichos.

Veamos el próximo seis de junio como una fecha que eventualmente nos podría dar la posibilidad de "emanciparnos” (D.R.A.E: 1. tr. Libertar de la patria potestad, de la tutela o de la servidumbre. U. t. c. prnl. 2. prnl. Liberarse de cualquier clase de subordinación o dependencia.) recordándoles a los diputados (que no deberían existir) y a los senadores ( que deberían hacer mejores leyes sin posibilidad de que ellos mismos las aprueben) que son empleados de la ciudadanía, y no al contrario, pues como afirma Rousseau: "toda ley no ratificada en persona por el pueblo es nula, no es una ley”, razón por la cual, ni diputados ni senadores debiesen tener el poder de votar por ley alguna. Si lo permitimos es porque queremos, y sobre todo por una eventual falta de visión a largo plazo, o quizás porque 90 millones de votantes en potencia, hemos decidido enajenar nuestra libertad sin cuestionarla, a personajes que aparecen en la boleta electoral, sin saber sus antecedentes y muchas veces ni sus caras. ¡Susto que se llevaría si fuera el caso! Yo creo que por eso no las ponen.

Llevamos 200 años desde que Agustín de Iturbide decidió darle forma a una nación convulsa, o más aún, cinco siglos, cuando los Tlaxcaltecas se emanciparon definitivamente de los Mexicas, con la estratégica asociación de los españoles. Para el reino de Tlaxcala, la vida cambió, y si bien no dejaron de pagar tributo a su nuevo rey y emperador Carlos, éste fue notoriamente menor, y sobre todo, sin la carga de las inútiles guerras.

Reflexionemos esto: ¿Por qué y para qué pagamos tributo hoy día? ¿Somos súbditos o ciudadanos? ¿Debemos obedecer cualquier ley que aprobaron ayer unos diputados, sin que jamás hubiésemos conocido su contenido? ¿Los diputados y senadores sirven al rey de Palacio, o a usted y a mí?

Soy anarquista utópico y de corazón, quien cree en la fantasía de que todos podríamos vivir en un Estado donde nadie nos gobernara, y que tuviésemos una alta capacidad evolucionada de organizarnos sin "contratar” presidentes, senadores y mucho menos diputados. La realidad me trae de regreso a pensar que, es importante contar con un Estado de Derecho "contratando" gente capaz de mantener la ley y el orden, a bajo costo, con alta eficiencia, y con un sistema que nos permita despedirlos a la primera falla. ¿Acaso otra utopía?

Revisemos porque no podemos lograrlo... Desde que los liberales del congreso de 1824 supusieron que serían capaces de arrebatarle al mismo tiempo sus coronas al emperador Agustín I y al rey Fernando VII, para ejercerla ellos en un remedo de república gringa disfuncional, y que a la fecha todavía no tiene ni pies ni cabeza, es que comienzo a convencerme que algo hicieron mal, pero muy mal para la gente, y muy bueno para ellos. Esto me recuerda a un Simón Bolívar que odiaba la idea de ser rey o emperador, pero que su proyecto de constitución que lo enfrentó con sus antiguos aliados de batalla como Santander, suponía que podía ser presidente vitalicio con facultad de nombrar a su vicepresidente con las mismas facultades. Semántica pura, donde ese presidente tendría más poder que muchos reyes de Europa. Afortunadamente no lo logró. ¿Apostaría usted que a nuestro "rey” no le ha pasado esta idea por la mente?

Este próximo seis de junio, no es que podamos ir a votar. Debemos de hacerlo, pues si acaso tenemos un mínimo de respeto por la constitución del ’17, la cual otro día pondré en tela de juicio, es que resulta ser nuestra obligación legal ir a votar. Revise usted los artículos 36-III y 38-I, mismos que como he mencionado en otras ocasiones, han estado sin modificación desde 1917. No es optativo votar, pero más aún, lo importante es saber que mientras menos gente vote, más les facilitamos el camino a los malos candidatos para hacer de las suyas. En otras palabras, no me preocupan aquellos votantes que tacharán el espacio de Morena, que no es otra cosa que la oclocracia en su estado más puro. Me preocupan los abstencionistas que prefieren seguir en su zona de confort, sin darse cuenta de que son los modernos esclavos que viven y trabajan desde su casa como súbditos del rey de Palacio, sin darse cuenta como se desmorona el México de sus hijos cada día.

El proyecto de Hernán Cortés duró, al menos, 300 años. El de Agustín de Iturbide, si contamos desde el 21 de febrero de 1821 cuando se promulga el "Plan de Independencia de la América Septentrional” hasta el día que tuvo que abdicar, es decir el 19 de marzo de 1823, duró casi veinticinco meses. Ambas emancipaciones le cambiaron dramáticamente el destino a México. Ahora bien, desde el 4 de octubre de 1824, cuando se redacta la primera constitución "inspirada” por decirlo elegantemente, o remedada por decirlo adecuadamente, hasta el día de hoy, no hemos podido tener un proyecto de país que pudiera garantizar un mejor nivel de vida para la gente, con la excepción de los que han ocupado la silla embrujada en Palacio, así como las empresas privadas llamadas: "curules legislativas”. Usted decidirá a quien coloca en esos asientos el próximo seis de junio, y a quien quita.

Mi pregunta específica hacia usted, querido lector, es: ¿Habrá alguna oportunidad de iniciar desde hoy, la emancipación que sigue?

Esta disertación continuará la próxima semana, y mientras tanto, lo escucho, o lo leo, con la observación que no tengo foros públicos de discusión abiertos, pues esto lo considero una plática privada entre usted y yo.


CLAUDIO MÁRQUEZ PASSY


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CLAUDIO MÁRQUEZ PASSY

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