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¿15 o 27?




14 de septiembre de 2020

Tiempo de lectura: 5 minutos. 

No sé usted, querido lector, pero el 15 de septiembre yo celebro el natalicio de mi hija Ana, recuerdo el de don Porfirio Díaz y el estreno del himno nacional en 1854. Nada más.

A la mejor me va a reclamar que celebramos la independencia; que es el mes patrio; que fue la arenga de Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor en la ciudad de Dolores; que es el mes de los chiles en nogada, y que hay que amarrar una banderita en el coche.

En primer lugar no debiésemos tener un mes patrio donde se vendieran banderitas tricolores por solo treinta días, sino que debiera ser todo el año. Los chiles en nogada igual.

El segundo tema es el más complicado, y me refiero al "grito de Dolores”. Para comprenderlo en una líneas y sin que usted tenga que leer diversos libros sobre el tema, baste decir que ese día iniciaba una guerra personal, producto de rencores profundos que sentía un cura por los españoles a quienes llamaba despectivamente "gachupines”. Él era un criollo, un ilustrado con buena fama, sacerdote, y estudioso del "arte de la guerra”, y había convencido a muchos otros de su próxima revolución. Ciertamente había un descontrol total en el continente al saber que Fernando VII, rey de España y de sus territorios americanos, estaba preso en manos de Napoleón Bonaparte, y el francés era, o se sentía, dueño de casi todo el continente. El vacío de autoridad era evidente, y comenzaba el "río revuelto” desde la alta California hasta el virreinato del Río de la Plata.

Hidalgo, junto con otros insurrectos que comulgaban con la idea de sacar raja en este desorden, vieron una oportunidad única de iniciar una revolución, la cual realmente no tenía ni pies ni cabeza. El siguiente documento que descubrí hace poco, donde le escribe Allende a Hidalgo, es sobradamente revelador pues me convence de que los insurgentes no tenían un objetivo claro que no fuera hacer una guerra, razón por la cual Iturbide rechazó la invitación de su familiar lejano, Hidalgo, de participar con él. Cheque usted el texto de esta desconocida carta de Ignacio Allende:

San Miguel el Grande, agosto 31, 1810.

Señor cura don Miguel Hidalgo y Costilla.

Estimado señor cura: Llegué de Querétaro, aniversario de la conquista de México, se dispuso que hubiera fiestas públicas que duraran tres días, y nosotros, sin ocuparnos de ellas, nos fuimos a casa de los González, donde se trataron muchos asuntos importantes.

Se resolvió obrar encubriendo cuidadosamente nuestras miras, pues si el movimiento era francamente revolucionario, no sería secundado por la masa general del pueblo, y el alférez real don Pedro Septién robusteció sus opiniones diciendo que si se hacía inevitable la revolución, como los indígenas eran indiferentes al verbo libertad, era necesario hacerle creer que el levantamiento se lleva a cabo únicamente para favorecer al rey Fernando.

En la junta que viene voy a proponer que el levantamiento lo hagamos en San Juan (de los Lagos), en los días de feria, donde sin estar desprevenidos en lo absoluto nos haremos de buenos elementos; pero quiero antes, tan luego que pueda, ir a ver a usted, para obrar siempre de acuerdo en esta causa.

Deseo su buena salud y a Dios pido se conserve, y me repito su apasionado, afectísimo y seguro servidor, que atento besa a usted su mano.

Ignacio Allende.

Siempre les había dado el beneficio de la duda a los insurgentes, sobre todo a Hidalgo, pensando que en el fondo deseaban hacer la independencia, pues el histórico grito del cura de Dolores rezaba: ¡Viva América!, ¡viva la religión y muera el mal gobierno!" ... "¡Viva la religión!, ¡viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la América y muera el mal gobierno!" Aunque debo confesar que nunca entendí aquello de ¡viva Fernando VII!, sino hasta hoy. Allende fue soldado realista al igual que Iturbide, con la diferencia que al primero se le puso precio a su cabeza un 27 de septiembre por órdenes del virrey Venegas, y murió ejecutado junto con Juan Aldama y Mariano Jiménez, el 26 de junio de 1811. Hidalgo moriría de igual forma el 30 de julio.

Lo que siempre me había identificado débilmente al ideal de los insurgentes, es que tenían una razonable intención de independizarnos de Francia que en ese momento era nuestra dueña, más no de España, por el simple hecho de seguir respetando la figura de Fernando VII, pues además, nunca dijo "mueran los gachupines”… al menos en el pueblo de Dolores. Ahora queda muy claro, que los indígenas respetaban y querían la figura de su rey Fernando VII, aunque no lo conocieran en persona, y los insurgentes deseaban venganza, botín y destrucción.

Fue así como, en seis meses casi había terminado esta revolución, quedando presos Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez, y desde mucho antes los hermanos Epigmenio y Emeterio González, y recluida doña Josefa Ortiz de Domínguez por manos de su esposo, el corregidor Miguel Domínguez quien salvó el pellejo denunciando a varios de ellos, y "protegiendo” a su esposa. Catorce años después, Domínguez, junto con Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, estarían gobernando el país bajo el "Supremo Poder Ejecutivo”, y aceptando el asesinato sin juicio previo (fusilamiento) del recién abdicado emperador, un 19 julio de 1824. Pudieron indultarlo y no lo hicieron.

Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu había reunido a todas las partes en conflicto y consolidado la idea de una verdadera y ordenada independencia, logrando firmar el plan de las tres garantías el 24 de febrero de 1821, y consolidar esta idea en su cumpleaños 38, el día de 27 de septiembre. Al día siguiente, el 28, se firmaría el acta de independencia.

Por todo lo anterior, le invito a repensar la verdadera fecha de la independencia: ¿el 15? cuando el cura Hidalgo llamó a la destrucción desordenada y vengativa, iniciando su revolución personal con un saqueo y una matanza de hombres, mujeres y niños, dentro de un recinto sin salida como fue la alhóndiga de Guanajuato ¿o el 27? cuando el general Agustín de Iturbide entró a la capital del país con la bandera tricolor, blanca, verde y roja ―en ese orden― diseñada y bordada por sus propias manos.

Si coincidimos, que bien. Caso contrario, no se preocupe, pues de todos modos creo que mientras "Viva México" en nuestras conciencias y en las de nuestros hijos, es porque tendremos mejores hijos construyendo un mejor país.


P.D. Aunque ya lo había publicado el 24 de febrero pasado, le invito a revisar el vídeo de minuto y medio, con la evolución de la bandera de nuestro México, y aprovecho para felicitar a todos los charros en su día.




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CLAUDIO MÁRQUEZ PASSY





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